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Dirección financiera

Director financiero en plantilla o externo: alcance, dedicación y cuándo compensa cada uno

Juan Mora-Figueroa, . 7 min de lectura.

La decisión suele llegar de la misma manera. La empresa ha crecido, el banco pide más información en cada renovación, un socio quiere ver el cierre del trimestre con más detalle y el gerente concluye que ha llegado el momento de contratar a un director financiero. Antes de publicar la oferta merece la pena contestar tres preguntas por escrito: qué trabajo concreto tiene que hacer esa persona, cuántas horas a la semana pide ese trabajo y cuánto cuesta el puesto. Con esas respuestas delante, la elección entre plantilla y dirección externa suele quedar bastante clara.

Qué trabajo hay que cubrir

La función financiera de una pyme tiene tres capas, y conviene separarlas porque cada una pide un perfil distinto.

La primera es la administración: registrar facturas, conciliar bancos, preparar nóminas e impuestos y cuadrar saldos. Es trabajo diario y de volumen, y lo hacen la gestoría o un equipo administrativo interno. La segunda es el control: el cierre mensual con criterio de gestión, el presupuesto y su seguimiento, la previsión de tesorería y el informe para la dirección. La tercera es la dirección financiera: decidir con la gerencia cómo se financia el crecimiento, negociar con los bancos, valorar una inversión o una compra y explicar los números a socios e inversores.

El error más frecuente al contratar es buscar a alguien para la tercera capa cuando el hueco real está en la primera. Si la contabilidad llega tarde o con errores, el director financiero recién incorporado acaba dedicando sus primeros meses a conciliar cuentas, y la empresa paga un sueldo de dirección por un trabajo de administración. Por eso conviene revisar primero qué resuelve ya la gestoría y qué no; lo explicamos en el artículo sobre la diferencia entre gestoría y dirección financiera.

Cuánta dedicación necesita

La carga de la dirección financiera en una pyme es irregular. Hay una semana intensa al mes alrededor del cierre y el informe, un último trimestre cargado por el presupuesto del año siguiente y picos cuando se prepara una operación de financiación o una compra. Entre esos momentos, el trabajo consiste sobre todo en estar disponible para las decisiones que van surgiendo: un cliente que pide alargar su plazo de pago, una póliza que vence, una inversión que hay que encajar en la caja.

Para estimarlo, ayuda listar las tareas de las capas de control y dirección de los últimos doce meses y asignarles horas reales. En muchas pymes la suma queda lejos de una jornada completa durante la mayor parte del año, con semanas puntuales en las que hace falta mucha más dedicación. En otras, sobre todo cuando hay varias sociedades, un equipo administrativo que dirigir o operaciones corporativas casi continuas, la suma se acerca a una jornada completa todos los meses.

Lo que cuesta un director financiero en plantilla

Según el Estudio de Remuneración 2026 de Michael Page, el salario fijo de un director financiero en pyme va de 45.000 a 60.000 euros brutos anuales con hasta cinco años de experiencia en el puesto, de 60.000 a 75.000 entre seis y diez años y de 70.000 a 85.000 a partir de once, con un bonus del 10 % al 20 %.

Sobre ese salario hay que sumar las cotizaciones a cargo de la empresa. En 2026 son el 23,60 % por contingencias comunes, el 5,50 % por desempleo en contrato indefinido, el 0,20 % de FOGASA, el 0,60 % de formación profesional y el 0,75 % del Mecanismo de Equidad Intergeneracional, a lo que se añade un 1,50 % por accidentes de trabajo para un puesto de oficina. En total, un 32,15 %. Cuando la retribución supera unos 61.200 euros al año, como en las bandas altas, la cotización ordinaria se calcula sobre la base máxima, que en 2026 es de 5.101,20 euros al mes, y por la parte que la supera se paga además la cotización adicional de solidaridad.

Un ejemplo con un fijo de 70.000 euros y un bonus del 10 % (7.000 euros) da una retribución de 77.000 euros. La base máxima anual es de 61.214,40 euros (5.101,20 por doce meses), y el 32,15 % de esa cifra son unos 19.700 euros. La cotización de solidaridad añade unos 160 euros más. El coste anual para la empresa queda cerca de 97.000 euros, antes de contar el puesto de trabajo, las herramientas, la formación y el proceso de selección.

Hay otros costes que no aparecen en la nómina. Un director financiero que llega de fuera necesita varios meses para conocer el negocio, los clientes y los bancos con los que trabaja la empresa. Si es la única persona con ese perfil, sus vacaciones o una baja dejan la función sin cubrir. Y si la decisión no sale bien, salir de un contrato indefinido tiene un coste: en un despido improcedente, la indemnización es de 33 días de salario por año de servicio.

Cuándo compensa tenerlo en plantilla

El puesto en plantilla compensa cuando la dedicación real se acerca a la jornada completa durante todo el año y hay trabajo para justificarla de forma estable. Suele ocurrir en grupos con varias sociedades que consolidar, en empresas con un equipo de administración de varias personas que alguien tiene que dirigir día a día, en compañías que hacen compras o refinanciaciones de forma recurrente y en participadas de fondos de inversión que piden un responsable financiero con dedicación exclusiva. En esos casos compensa tener a una persona dentro, presente en todas las reuniones y con autoridad sobre el equipo.

Cuándo compensa la dirección externa

La dirección externa compensa cuando la dedicación necesaria es una parte de la jornada con picos puntuales, que es la situación de muchas pymes en crecimiento. La empresa paga por el alcance que necesita y lo amplía cuando llega una operación. Además, incorpora a profesionales que ya han preparado renovaciones de pólizas, préstamos y compras de empresas, algo difícil de encontrar en un único perfil con el salario de una pyme.

También es útil como paso previo a una contratación. Mientras la dirección externa ordena el cierre, monta el presupuesto y la previsión de caja y lleva la relación con los bancos, la empresa ve qué volumen de trabajo hay realmente y qué perfil necesitaría si decide contratar. Cuando llega ese momento, la persona que se incorpora encuentra la información ordenada y puede dedicarse a dirigir desde el primer mes.

Para que funcione, la dirección externa tiene que estar dentro de la empresa con la misma regularidad que un empleado en los momentos que importan. En las empresas con las que trabajamos en Argamo, eso significa revisar el cierre con la gestoría cada mes, sentarnos con la gerencia a repasar el informe, ir a las reuniones con los bancos y estar localizables cuando surge una decisión fuera del calendario. Cada empresa trabaja siempre con las mismas personas, y la cartera es reducida precisamente para poder hacerlo así. Lo contamos con más detalle en el artículo sobre qué hace un CFO externo en una pyme.

Una fórmula intermedia

Entre las dos opciones hay una combinación que encaja en muchas pymes: un responsable de administración en plantilla, que lleva el día a día contable y la relación con la gestoría, y una dirección financiera externa que se ocupa del control y de las decisiones. Según el mismo estudio de Michael Page, un responsable de administración en pyme cobra entre 40.000 y 55.000 euros de fijo según su experiencia, con un bonus en torno al 10 %.

Para decidir, pon en una misma hoja el coste completo del puesto en plantilla, con cotizaciones incluidas, y el de la alternativa externa para el alcance que has definido, y compáralos junto con las horas que has estimado. Si quieres ver cómo se repartiría el trabajo en tu empresa, en servicios tienes el detalle de lo que hacemos y en contacto puedes escribirnos para verlo con tus números.

Fuentes

Escrito por

Juan Mora-Figueroa

Socio de Argamo

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