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Dirección financiera

Gestoría y dirección financiera: en qué se diferencian y por qué tu empresa puede necesitar ambas

Juan Mora-Figueroa, . Actualizado el . 7 min de lectura.

Tienes una gestoría. La contabilidad está al día, los impuestos se presentan en plazo y las cuentas anuales se depositan sin sobresaltos. Sobre el papel, tus finanzas están en orden.

Y aun así, cuando llega el momento de decidir algo de verdad (si puedes permitirte una contratación, si ese cliente grande te deja margen o solo te da volumen, si vas a aguantar hasta que cobres la factura de mayo) te das cuenta de que tener los números ordenados no es lo mismo que saber qué hacer con ellos.

Tu gestor no lo está haciendo mal: le estás pidiendo algo que queda fuera de su trabajo. Gestoría y dirección financiera son funciones distintas y complementarias, y casi todas las empresas que crecen acaban necesitando las dos.

Qué hace exactamente tu gestoría (y por qué es imprescindible)

Tu gestoría se encarga de que la empresa esté en regla. Registra las operaciones, lleva la contabilidad, liquida el IVA y el impuesto de sociedades, prepara las nóminas, deposita las cuentas anuales y responde cuando Hacienda pregunta. Es un trabajo técnico, exigente y muy especializado, y equivocarse sale caro: un recargo, una sanción, un requerimiento que se complica.

Sin esa base, cualquier otra mejora se apoya en datos poco fiables y la empresa queda expuesta ante Hacienda. Por eso es lo primero que cualquier negocio externaliza, y con razón.

Pero fíjate en la naturaleza de ese trabajo: mira hacia atrás. Coge lo que ya ha pasado (lo que facturaste, lo que gastaste, lo que pagaste) y lo ordena y lo presenta como exige la norma. Esa es su función, y la cumple. La gestoría responde a una pregunta muy concreta: ¿está todo bien hecho y presentado a tiempo? Cuando la respuesta es sí, ha cumplido.

Qué aporta una dirección financiera que tu gestor no cubre

Una dirección financiera empieza justo donde termina esa pregunta. Le interesa que el dato esté bien y, sobre todo, qué decisiones se toman con él.

Es la figura que te dice si vas a tener caja dentro de tres meses o si te vas a quedar corto antes de cobrar. La que te enseña qué clientes y qué líneas de negocio te ganan dinero de verdad y cuáles te restan margen sin que se vea en las cuentas agregadas. La que prepara el caso cuando vas a pedir financiación, negocia las condiciones con el banco y te dice si esa inversión que tienes en mente se sostiene. La que ve venir el problema cuando todavía es un aviso y no una urgencia.

La materia prima es la misma contabilidad que prepara tu gestoría. La diferencia está en lo que se hace con ella: una la produce, la otra la interpreta para decidir. Además, la parte mecánica (ordenar el dato, cuadrarlo, presentarlo) se automatiza un poco más cada año. Precisamente por eso el valor se ha desplazado hacia la capa que sabe leer ese dato y convertirlo en una decisión.

La línea que las separa: cumplimiento frente a decisión

La gestoría trabaja sobre lo que ya ha ocurrido; la dirección financiera, sobre lo que va a ocurrir.

Tu gestor te dice que el año pasado ganaste una cantidad y que está todo en regla. Tu director financiero te dice si esa cantidad es sostenible, de dónde sale en realidad y qué tienes que cambiar para que el año que viene sea mejor.

Son dos trabajos distintos y rara vez los hace bien la misma persona, porque piden perfiles y tiempos distintos. El cumplimiento exige precisión y método. La decisión exige criterio y perspectiva.

Por qué conviene tener las dos

El malentendido más habitual es pensar que hay que elegir entre una y otra.

De hecho, las dos funciones rinden más juntas. Una dirección financiera se apoya en la contabilidad que lleva la gestoría (cuanto más limpia y al día esté esa base, mejores son las decisiones que puedes tomar sobre ella) y, a cambio, le pide la información con el detalle y en el formato que el negocio necesita para decidir, no solo para declarar. Una buena dirección financiera externa se coordina con tu gestor y saca más partido de su trabajo.

Si alguien te propone prescindir de tu gestoría para contratarlo a él, desconfía. Lo que necesitas es añadir la pieza que falta.

Las señales de que tu empresa ya necesita dirección financiera

Hay un punto en el crecimiento de casi cualquier empresa en el que la gestoría deja de ser suficiente, aunque siga haciendo bien su trabajo: el negocio se ha vuelto más complejo de lo que unos números ordenados a final de mes pueden gobernar.

Sueles reconocerlo en señales muy concretas. Facturas más que nunca pero no sabrías decir si ganas dinero en cada proyecto. Has pasado un apuro de tesorería a pesar de que el año «iba bien». Vas a pedir financiación y no tienes claro cómo presentar la operación para que te digan que sí. Tomas decisiones grandes (contratar, invertir, abrir una línea nueva) más por intuición que por números. Te enteras de cómo ha ido el año cuando ya no puedes hacer nada para cambiarlo. Tienes que reportar a un socio o a un inversor y acabas montando el Excel a última hora.

Si te reconoces en varias de estas, tu gestor no lo está haciendo mal. Tu empresa ha crecido hasta necesitar una capa que antes no hacía falta.

Del orden al control

Tener los números en regla es el punto de partida. La gestoría te da el orden; la dirección financiera te da el criterio para decidir con ese orden delante.

Las empresas que crecen con método terminan teniendo las dos cosas. Y cuando el volumen todavía no justifica un director financiero en plantilla, esa segunda capa es justo lo que aporta una dirección financiera externa: el criterio de un CFO, sin el coste de incorporarlo.

Escrito por

Juan Mora-Figueroa

Socio de Argamo

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